Si buscas en Internet hay miles y miles de relatos sobre los espejos, maldiciones, leyendas, historias.... tan sólo hay que teclear esas seis letras en Google y tienes un mundo de historias a tu alcance, historias creadas por la imaginación de personas que han sabido ver más allá del espejo y atravesarlo, tal y como hizo la Alicia de Lewis Carrol. La mayoría de las historias sobre espejos son a medianoche, escalofriantes y que te ponen los vellos de punta, pero la magia de un espejo se encuentra a plena luz del día, tal y como voy a demostraros.Mis compañeras de género podrán entenderme mucho mejor (aunque hoy día es igual de importante para muchos caballeros)
Todas las mañanas ahí está, en la pared de tu habitación, del pasillo o del cuarto de baño, no importa, sea donde sea, no hay casa donde no haya un espejo.
Tras despertar, aún medio dormidos y sin saber si estamos todavía soñando o no, lo primero que hacemos es mirarnos al espejo, ya que hoy día, lo más importante es la imagen que ofrecemos al mundo, sobre todo en el trabajo.
Ese momento en que nuestro cerebro capta nuestra imagen es mágico, pero nunca nos damos cuenta por culpa del cansancio que llevamos encima. En ese microsegundo conseguimos desdoblarnos y vernos desde fuera.
Ves a un ser humano, eres tú, no hay ninguna duda, pero al mismo tiempo, no eres tú mismo.
La persona que te mira con cara de sueño a través del espejo y que te imita cada movimiento tiene la capacidad de cambiar sutilmente rasgos que pueden afectarte durante todo el día.
En ocasiones tu doble tiene la apariencia de un rey o una princesa; elegante, confiada, segura de sí misma; otros días es una probre criaturita de la Naturaleza a la que no hay por donde meterle mano para darle un aspecto decente (especialmente el cuero cabelludo del pelo, zona realmente malévola y rebelde); la mayoría de las veces es un zombie digno de cualquier película o serie como Walking Dead o Zombieland.
Hay momentos en que nuestro doble nos anima desde su universo con una sonrisa tierna e ilusionada, alegre y motivada que te da ánimos durante la dura jornada laboral o estudiantil. Otras tiene la capacidad de agrandar defectos que nadie más ve, pero que él nos resalta desde el primer momento, como los granitos, ojeras y manchas que te persiguen hasta que te acuestas....Ese encuentro diario con nuestro otro yo, condiciona el ánimo de nuestro día, me gusta pensar que el encuentro de mi doble conmigo también condicionará su día, en aquel universo más allá del espejo.
Por eso siempre intento regalarle una sonrisa a mi doble y, que curioso, cuando lo hago, ella me la devuelve agradecida y ambas salimos confortadas y preparadas para enfrentarnos a un nuevo día y, si por casualidad me cruzo con un espejo en mitad de la calle o veo mi reflejo sonrío y pienso “Ánimo, Aurorita, que ya queda menos!” Y así me doy fuerzas a mí misma y seguro seguro que también a mi doble del espejo.
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