martes, 30 de agosto de 2011

Un viaje inolvidable


Todo comienza un día como cualquier otro, te levantas, cojes tus maletas y te subes al autobús. Has oído hablar mucho de este viaje, de la fama que tiene, pero tú no has ido a ninguno. La curiosidad te carcome por dentro y te brillan los ojos de la emoción. Pero no quieres hacerte demasiadas ilusiones por si acaso...

Pero todo va saliendo bien, en tu autobús, ése que estaba lleno de “niños pequeños” (tan solo le sacas 3 años pero ya parece un mundo), se monta una fiesta y todos cantan y ríen contentos. Sorprendentemente cuando hay que estar serio también lo están, destrozando con su actitud todos los prejuicios que tenías sobre ellos y dándote ya la primera sorpresa del viaje.

Al bajar del autobús, el infierno te espera, nunca habías imaginado que pudiera hacer tanto calor, pero no te desanimas y sigues cantando, pensando que te encuentras en el polo sur y que estás andando con pingüinos...
Todo se hace mucho más liviano cuando vas con tus amigos y jugáis a echaros agua caliente de las botellas (bajo la noble excusa de refrescarle, en realidad le echabas a tu compañero el caldo de pollo en que se había convertido el líquido que llevabas en la mochila)

Los días pasan y cada vez te encuentras con más gente, jóvenes como tú que también han venido al oír la llamada, son miles y te los encuentras cantando por las calles de los pueblos y las ciudades... te sientes cada vez más pequeñita pero parte de algo mucho más grande y, si cierras los ojos por la noches, te parece escuchar todavía los cánticos y ver las banderas de todos los reinos y naciones.

Y llega la noche estelar, cuando por fin, en aquel páramo enorme os reunís todos, congregados bajo un mismo signo, un mismo espíritu, una misma misión: transmitir esa felicidad a todo el mundo. Esa alegría y paz que rezuma tu espíritu en esos momentos, a pesar de la lluvia que cae inesperadamente, del cansancio.... Eres feliz.

Por ese momento merece la pena todo, por sentir esa certeza de que no estás solo, de que hay millones de personas como tu, bajo la misma bandera, bajo el mismo Guía...

Es una experiencia que no se olvida, pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, su recuerdo permanece en tu corazón y en tu espíritu, animándote a seguir adelante, porque no estás solo.

Y tiene un nombre. Se llama Jornada Mundial de La Juventud.

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