viernes, 23 de septiembre de 2011

La magia de un baile


En estos días he podido presenciar dos bailes que me han marcado, ambos en el mismo contexto: una boda. Uno real, otro de una serie de ficción, pero los dos igual de mágicos e impactantes.

Por una parte fui testigo del primer baile de los novios en el convite. Él, alto y fuerte; ella, pequeñita y guapísima. Después de unos momentos, él la coge al vuelo y le da una vuelta en el aire, lentamente, sonriendo  y sin apartar los ojos de su rostro y, antes de dejarla suavemente en el suelo, la besa con dulzura, incapaz de contenerse por más tiempo.

Faltan palabras para explicar la reacción de los presentes ante tal idílico paso de baile. Las chicas suspiramos, envidiando (de forma sana y alegres por ello) a la novia y deseando poder ser nosotras las protagonistas de esa vuelta algún día… Fue un momento de película, romántico como el que más y, lo más importante, real. No fue un cuento Disney ni una película romántica americana y fue eso, más que cualquier otra cosa lo que nos emocionó a todas y nos devolvió la fe de niñas en los cuentos de hadas y en un baile como el de Cenicienta aquella noche.

Por otra parte, un baile en otra boda, en la serie de “Cómo conocí a vuestra madre”, primer capítulo de la  séptima temporada y dos de los personajes más carismáticos protagonizan una escena de infarto, en la que saltan chispas entre ambos; unas chispas claramente evidentes para todos los espectadores menos para los propios implicados, lo cual lo hace aún más emocionante. Fue un baile que también me encantaría protagonizar porque, al igual que el otro es romántico y lento, éste es divertido y alocado. La mezcla perfecta.

Sin embargo, no creo que Dios me regale la capacidad de poder bailar como Barney y Robin algún día; pero con el otro aún puedo tener alguna posibilidad…  
Pdt: Para quien se quede con la curiosidad de saber cómo ha sido el baile de Robin y Barney, aquí dejo un enlace a Megavideo, desde el minuto 13 hasta el 14:34. no tiene pérdida.Baile

viernes, 16 de septiembre de 2011

Como una princesita


Ya está todo listo, todas las cosas preparadas para el gran día. Repaso con ilusión todos los detalles:
¿Vestido? Hecho
¿Zapatos? Hecho
¿Complementos? Hecho

Todo terminado y me siento como una princesita, los cuentos de Disney de mi infancia y adolescencia resuenan en mi cabeza, me imagino que cuando me vista y me peine, seré como Cenicienta y el corazón se me encoge de alegría al imaginarme vestida así de hermosa.
Cierro los ojos y me imagino bailando un vals (aunque luego lo que suene sea reggeaton) y un montón más de situaciones preciosas y románticas (contigo o con los demás), propias de mi mente adolescente, aunque una parte de tu mente sabe que no se cumplirán, sigo dejándome llevar por mis fantasías...

Sin embargo, siempre está la duda de si las demás princesitas irán más guapas que yo o más bonitas y hay una competencia sana y alegre, puesto que admiras de las ganadoras y deseas ser como ellas, aprendiendo de tus errores y tomando nota para que, la próxima vez seas seguro la reina del baile.

Me gustaría que el príncipe me viera, pero estoy tan contenta que sé que disfrutaré de todas maneras. Además, con las nuevas tecnologías y las cámaras digitales, tengo entretenimiento para rato.

¿Qué a dónde voy? A una boda. Después de 8 meses planeando vestido, ropa, peinado y complementos y de una semana de infarto (tanto para mí como para los pobres que han estado a mi alrededor) ultimando detalles, por fin llega el gran día.

Va a ser alucinante.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Fobias



Siempre he pensado que las fobias no son nunca buenas, dejar que un miedo irracional a algo (sea animal, cosa o situación) te domine hasta un punto que no puedas reaccionar, no es sano.
Yo tengo que reconocer que tengo una fobia horrible a las agujas/inyecciones/extracciones de sangre desde niña. Y, a pesar de todos los años que tengo, sigo sin poder entrar a una sala de extracciones o enfermería sin que se me encoja el estómago.

Pero hoy le he encontrado una gran ventaja.
Hoy he ido con mi hermana pequeña (de cinco años) a ponerle unas inyecciones que necesita. Nada más entrar a la sala, se me ha encogido el estómago, pero he intentado hacerme la valiente, para no asustar a mi hermana aún más. Sin embargo, no he tenido éxito y me he escondido detrás de mi madre para que no viera cómo lloraba en silencio. La pequeña ha empezado a llorar cuando la han pinchado y yo me he puesto malísima y he empezado a rezar, cuando, de repente escucho a mi hermana reírse y decir:
“Aurorita, niña bebé, chupete y a la cuna” ¡Estaba riéndose de mi! Mi madre ha seguido el juego y ella también ha empezado a cantar. Las enfermeras también se reían de mí y me he puesto roja como un tomate, pero no he podido decir nada al ver las risas de Ángela y he exagerado el teatro consiguiendo distraerla hasta que la han pinchado las tres veces que tocaba.

Cuando hemos salido, mi madre le ha comprado una pizarra para pintar y a mí un helado, las dos íbamos muy contentas. Ella con su regalo y diciendo que “era una niña mayor que no lloraba” y yo con la sensación de que, por una vez, mi fobia había servido para algo bueno.

martes, 13 de septiembre de 2011

La vuelta al cole


Ya han empezado las clases para mis hermanos y, pronto me tocará a mí.
Recuerdo cuando era pequeña que me encantaba ir al cole. Después de todo el verano jugando en la playa y en el campo, sentía la necesidad de volver a mi clase, con mis “seños” y mis amigos, de volver a tener deberes que hacer por las tardes mientras fuera llovía... esas sensaciones han ido desapareciendo con los años; cuando creces tus “seños” ya no son lo más maravilloso del mundo, a tus amigos los llevas viendo todo el verano y eso de levantarse mientras llueve fuera.... es altamente desagradable.

Pero hay una sensación que sigue estando presente y que hace, que hoy día, tenga las mismas ganas de empezar el curso que hace 10 años. Las ganas de aprender.
Es una frase altamente manida, pero quien la haya experimentado alguna vez, puede comprenderme. Tienes ganas de volver a clase y escuchar cosas nuevas, enterarte todos los días de algo que no sabías, curiosidades, anécdotas, sucesos... Aunque luego venga la parte más temible, que es almacenar todo eso en la cabecita para un macro-examen, mientras estás en clase, disfrutas escuchando, sumergiéndote en lo que te están contando, olvidando tu mundo y explorando otros.

Es un sentimiento que pocos comparten (o, por lo menos, que yo me haya encontrado) pero que, sinceramente, alegra el curso, las clases y los deberes. Todo el mundo debería experimentarlo alguna vez, porque, una vez que se prueba, ya no se puede parar y cada vez quieres saber más y averiguar más y, en definitiva...
Aprender.

Pd: Ahora, eso sí, me revienta y reventaba que El Corte Inglés estuviera desde finales de Agosto con los anuncios y la canción de “Volver a empezar”. Jolines, que, aunque tuviera ganas de empezar, quería empezar en septiembre, no tres semanas antes con el cole hasta en la sopa.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Los viejos amigos


Hay una sensación que ya he experimentado varias veces y que aún no sé si es buena o mala... Ocurre cuando ves a viejos amigos tuyos con los que ya no te juntas porque el destino os ha llevado por caminos diferentes, como aún recuerdas los buenos ratos con ellos, quieres volver a verlos y sentirte como cuando eras pequeño... Así que cojes el teléfono y organizas una tarde juntos.

Pero la realidad te juega una mala pasada.
Estás allí, con esas personas a las que conoces desde pequeña, y las ves como si fuera la primera vez, son extraños para ti, aunque por fuera luzcan exactamente iguales. Y, sí, compartís los mismos recuerdos de la infancia y las aventuras en los columpios, las excursiones, los recreos... todo sigue allí. Sin embargo, ya no es la misma chispa, la misma despreocupación y alegría de antaño.

Y entonces sobreviene esa sensación:
Una mezcla de añoranza por esa amistad perdida y que, en la memoria era la mejor del mundo; un deseo irrefrenable de volver atrás en el tiempo, de recuperar esas emociones, esas vivencias, experimentarlas de nuevo y ser una vez más esa niña con sus amigos, ajena a las preocupaciones del mundo, donde hacías lo que querías y la vida era infinitamente más sencilla de lo que te parece ahora mismo...
Supongo que eso es lo que se llama crecer, madurar, cambiar... pero no estoy segura de que me guste experimentarlo. Hay una parte de mí que acepta eso, ya que crecer y cambiar tiene sus ventajas y experimentas cosas que ni siquiera habías imaginado antes, conoces gente nueva, sitios nuevos, aprendes cosas diferentes. Aunque a veces me pregunto si el precio a pagar no es demasiado alto.

De todas formas, siempre quedarán los recuerdos, los libros, las fotos y la imaginación para llevarme a mi parra, a mi candy mountain, donde despejarme de la responsabilidad de ser adulta; donde Peter Pan vuela conmigo y donde lo más importante es divertirse y luchar contra los malvados.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Una tarde normalita



Una tarde normal puede convertirse en algo sorprendente, basta con mirarlo desde otro punto de vista.

PUNTO DE VISTA ABURRIDO y NORMAL:
Vas a almorzar a casa de tus amigos, sin padres, sales a mediodía para su casa, con la idea de echar la tarde y pasar un buen rato.
La tarde transcurre sin mayores eventos, un típico juego de mesa, luego ver una película (que al final ni siquiera funciona y tenéis que tragaros la secuela de una película para niños chicos), un calor sofocante a pesar del ventilador y de estar ya en Septiembre; no hay sitio para todos en el sofá y tienes que acabar sentada en el suelo, donde no llegas a la mesa y te quedas sin palomitas... Y encima de todo es domingo y mañana te toca trabajar.
Cuando termina la película, te pinchas con una planta de la casa de tus amigos y todos se ríen de ti, como estáis todos aburridos, decidís cambiar de casa en un intento de divertirse y que os dé el aire de la tarde.
Sin embargo, tardáis tanto en llegar a la otra casa que no os da tiempo a casi nada, salvo charlar otra vez e irse a la cama, que mañana madrugas...

Este es un punto de vista bastante deprimente y que amarga a cualquier persona y le impide ver las cosas buenas de ese día.

EL OTRO PUNTO DE VISTA:
Vas a almorzar a casa de tus amigos, sin padres, sales a mediodía para su casa, con la idea de echar la tarde y pasar un buen rato.
No sabes qué pasará, no hay ningún plan establecido, no sabes a dónde te puede llevar la Fortuna, pero sabes que estarás con tus amigos y que os lo pasaréis bien, sea lo que sea que os depare el destino.
Echáis una tarde tranquila, jugando a juegos de mesa como hacíais de pequeños e incluso disfrutando más, riendo de chorradas sin sentido y haciendo bromas a unos y otros. Queríais ver una película, pero el destino estaba hoy caprichoso y el Disco Duro multimedia último modelo le da por NO reconocer un simple formato .mp4. Os lo tomáis a risa y ponéis a descargar la película mientras recordáis vuestra infancia y decidís poner una secuela que ha salido hace poco.
Traspasando las barreras de la edad, te sumerges en la película y disfrutas, amas, sueñas con los personajes y te enfadas ante los crímenes y trucos del malo malísimo de turno. En definitiva, vuelves a ser niño (añadiendo los comentarios cínicos y bromas que sólo se te ocurren cuando ves una peli con tus amigos). No notas el calor porque, gracias a que no cabías en el sofá te has tirado en el suelo fresquita y te da el ventilador de frente, no puedes coger palomitas, pero mejor, que si no luego te duele la barriga.

Cuando termina la película, es temprano todavía, la tarde es joven y hay que aprovecharla porque mañana toca trabajar, por eso, decidís así sin pensarlo dos veces ir a casa de otro amigo a echar una partida de Risk y jugar a conquistar el mundo y ser un nuevo Carlomagno...
Pero entre risas y bromas, se os pasa el tiempo demasiado deprisa y tus sueños de conquistador han de ser pospuestos para otra ocasión, ya la luna ha salido y es hora de volver al lecho para tomarse un merecido descanso después de todo un día con los amigos y relajación.

¿ A que hay diferencia eh? ;) Todo depende de cómo se miren las cosas.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Para un amigo sorprendente


En el día a día nos encontramos personas irrepetible, únicas y que muchas veces no nos paramos a pensar en lo afortunados que somos. Hoy quiero hablar sobre una de ellas.

Es un chaval que tiene más corazón que cabeza. Alto y fuerte, con pelo un pelo negro rizadito muy corto y suavito y unos ojos verdes enmarcados por unas grandes cejas muy expresivas.
Su cara es un libro abierto para todos aquellos lectores avispados que tengan la suerte de conocerlo. Y la aventura empieza cuando te atreves a mirar entre sus páginas, sin dejarte intimidar por su voz ronca y grave y su mirada directa y sincera.

Porque lo que encuentras ahí dentro es un mundo desbordante, un mundo lleno de pasión, fantasía y poesía. Dentro ahí un niño pequeño que sigue creyendo en los cuentos de hadas, aunque su yo pesimista le diga que la “vida es dura”, cuando ese niño sale, a mi amigo le brillan los ojos como dos luceros y su sonrisa detiene tempestades.

Pero lo mejor es que ese niño, ese pequeño Peter Pan, tiene alma de poeta; cuando mi amigo se pone delante de un papel, ese mundo maravilloso que tiene dentro lo saca fuera, en torrentes de tinta, mezcladas con sangre apasionada y enamorada. Con él he aprendido lo que significa que el estómago se te encoja de emoción, pena, alegría, sorpresa... todas las emociones están en esas líneas garabateadas con mala letra, la letra de un niño inocente que se disfraza de adulto...

Esas líneas de fantasía, pocos las podemos leer, somos privilegiados exploradores y sueño con que, algún día, el mundo pueda conocer todas las cosas asombrosas que tiene por mostrarnos mi amigo el poeta, el niño, el adulto, el friki, el loco... en resumen mi amigo Fer.