Ya está todo listo, todas las cosas preparadas para el gran día. Repaso con ilusión todos los detalles:
¿Vestido? Hecho
¿Zapatos? Hecho
¿Complementos? Hecho
Todo terminado y me siento como una princesita, los cuentos de Disney de mi infancia y adolescencia resuenan en mi cabeza, me imagino que cuando me vista y me peine, seré como Cenicienta y el corazón se me encoge de alegría al imaginarme vestida así de hermosa.
Cierro los ojos y me imagino bailando un vals (aunque luego lo que suene sea reggeaton) y un montón más de situaciones preciosas y románticas (contigo o con los demás), propias de mi mente adolescente, aunque una parte de tu mente sabe que no se cumplirán, sigo dejándome llevar por mis fantasías...Sin embargo, siempre está la duda de si las demás princesitas irán más guapas que yo o más bonitas y hay una competencia sana y alegre, puesto que admiras de las ganadoras y deseas ser como ellas, aprendiendo de tus errores y tomando nota para que, la próxima vez seas seguro la reina del baile.
Me gustaría que el príncipe me viera, pero estoy tan contenta que sé que disfrutaré de todas maneras. Además, con las nuevas tecnologías y las cámaras digitales, tengo entretenimiento para rato.
¿Qué a dónde voy? A una boda. Después de 8 meses planeando vestido, ropa, peinado y complementos y de una semana de infarto (tanto para mí como para los pobres que han estado a mi alrededor) ultimando detalles, por fin llega el gran día.
Va a ser alucinante.
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