miércoles, 14 de septiembre de 2011

Fobias



Siempre he pensado que las fobias no son nunca buenas, dejar que un miedo irracional a algo (sea animal, cosa o situación) te domine hasta un punto que no puedas reaccionar, no es sano.
Yo tengo que reconocer que tengo una fobia horrible a las agujas/inyecciones/extracciones de sangre desde niña. Y, a pesar de todos los años que tengo, sigo sin poder entrar a una sala de extracciones o enfermería sin que se me encoja el estómago.

Pero hoy le he encontrado una gran ventaja.
Hoy he ido con mi hermana pequeña (de cinco años) a ponerle unas inyecciones que necesita. Nada más entrar a la sala, se me ha encogido el estómago, pero he intentado hacerme la valiente, para no asustar a mi hermana aún más. Sin embargo, no he tenido éxito y me he escondido detrás de mi madre para que no viera cómo lloraba en silencio. La pequeña ha empezado a llorar cuando la han pinchado y yo me he puesto malísima y he empezado a rezar, cuando, de repente escucho a mi hermana reírse y decir:
“Aurorita, niña bebé, chupete y a la cuna” ¡Estaba riéndose de mi! Mi madre ha seguido el juego y ella también ha empezado a cantar. Las enfermeras también se reían de mí y me he puesto roja como un tomate, pero no he podido decir nada al ver las risas de Ángela y he exagerado el teatro consiguiendo distraerla hasta que la han pinchado las tres veces que tocaba.

Cuando hemos salido, mi madre le ha comprado una pizarra para pintar y a mí un helado, las dos íbamos muy contentas. Ella con su regalo y diciendo que “era una niña mayor que no lloraba” y yo con la sensación de que, por una vez, mi fobia había servido para algo bueno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario