En estos días he podido presenciar dos bailes que me han marcado, ambos en el mismo contexto: una boda. Uno real, otro de una serie de ficción, pero los dos igual de mágicos e impactantes.
Por una parte fui testigo del primer baile de los novios en el convite. Él, alto y fuerte; ella, pequeñita y guapísima. Después de unos momentos, él la coge al vuelo y le da una vuelta en el aire, lentamente, sonriendo y sin apartar los ojos de su rostro y, antes de dejarla suavemente en el suelo, la besa con dulzura, incapaz de contenerse por más tiempo.
Faltan palabras para explicar la reacción de los presentes ante tal idílico paso de baile. Las chicas suspiramos, envidiando (de forma sana y alegres por ello) a la novia y deseando poder ser nosotras las protagonistas de esa vuelta algún día… Fue un momento de película, romántico como el que más y, lo más importante, real. No fue un cuento Disney ni una película romántica americana y fue eso, más que cualquier otra cosa lo que nos emocionó a todas y nos devolvió la fe de niñas en los cuentos de hadas y en un baile como el de Cenicienta aquella noche.
Por otra parte, un baile en otra boda, en la serie de “Cómo conocí a vuestra madre”, primer capítulo de la séptima temporada y dos de los personajes más carismáticos protagonizan una escena de infarto, en la que saltan chispas entre ambos; unas chispas claramente evidentes para todos los espectadores menos para los propios implicados, lo cual lo hace aún más emocionante. Fue un baile que también me encantaría protagonizar porque, al igual que el otro es romántico y lento, éste es divertido y alocado. La mezcla perfecta.
Sin embargo, no creo que Dios me regale la capacidad de poder bailar como Barney y Robin algún día; pero con el otro aún puedo tener alguna posibilidad…
Pdt: Para quien se quede con la curiosidad de saber cómo ha sido el baile de Robin y Barney, aquí dejo un enlace a Megavideo, desde el minuto 13 hasta el 14:34. no tiene pérdida.Baile
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