Hoy he descubierto un sitio precioso en Málaga que no sabía que existía...
Está a la altura del Limonar, una zona con casas preciosas, con unas vistas a la bahía de Málaga alucinantes y el último sitio en el que te esperas encontrar... un bosque.
Porque no es un parque urbanizado, sino que tiene sus sendas, sus caminitos y sus peñas con piedras incómodas. La única señal de la mano del hombre, son los bancos que te encuentras de vez en cuando y unos muros que actúan como mirador, donde te puedes recostar ( o subir como he hecho yo) y mirar el inmenso azul del mar y el cielo, sin saber realmente dónde empezaba uno y acababa el otro mientras el sol radiante te deslumbraba con su reflejo.
Es un sitio solitario, que pocos conocen y en el que, si cerraba los ojos mientras estaba tumbada en el suelo, me imaginaba una entrada secreta a una cueva subterránea, disimulada entre una gran roca que había en el centro del lugar, y, dentro, una mina reluciente de piedras preciosas donde conviven las criaturas de los cuentos y los animales del bosque, que huyen del jaleo y los ruidos de los seres humanos... hasta que se hace de noche.
A partir de las 7, ese lugar se cierra y, mientras los dejábamos atrás, entendí que, las vallas y alambradas que rodean todo el recinto, no son para mantener alejados a los vándalos adolescentes, sino quizás son para proteger a esas criaturas mágicas que habitan en aquel lugar, tan cerca de la civilización y, al mismo tiempo tan salvaje y aislado...

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