¿Sabéis esa sensación cuando estás soñando y en el sueño está pasando algo precioso, perfecto e irrepetible? ¿Esas pocas ocasiones en las que ni siquiera te das cuenta de que es un sueño? Y, justo en el momento menos indicado, te despiertas y te quedas con todas las ganas de seguir soñando.
Pues os aseguro que tener esa sensación en la vida real es muchísimo peor...
Sé que todo el mundo tiene derecho a aprender y a estudiar lo que le guste o lo que pueda y no dejo de repetirme a mí misma que los chavales que han entrado este año a Clásicas quizás descubran ahí su vocación y la maravilla que supone traducir un texto grecolatino, pero por otra parte, soy realista y sé que la mitad abandonarán a mitad de semestre.... demasiado tarde para que yo pueda entrar a esa carrera.
Porque este, según me ha dicho la secretaria de mi facultad, ha sido el primer año que Filología Clásica se ha quedado sin plazas, no sé si será debido a la crisis o que el Señor está graciosillo conmigo... pero algo he sacado en claro, tienes que hacer desde el principio lo que te gusta, sino, acabas arrepintiéndote y luego puede que no seas capaz de arrreglarlo, tal y como me ha pasado a mí.
Ahora sólo me queda intentar ver las cosas buenas a mi carrera y disfrutar de lo que tengo mientras vivo con las consecuencias de mis errores.
Seguro que el Señor saca algo bueno de ellos, como ha hecho siempre.
Seguro que el Señor saca algo bueno de ellos, como ha hecho siempre.
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