domingo, 9 de octubre de 2011

Traducir


Traducir un texto es una sensación maravillosa, al alcance de los pocos aventureros que se atreven a ello.
Porque no solo te limitas a pasar palabras de una lengua a otra, ni hablar, al traducir cualquier texto (especialmente los literarios) te conviertes en custodio de los sentimientos e intenciones que el autor haya depositado en él. Eres el encargado de transmitirlos y conservarlos, de lograr que miles de personas compartan las mismas sensaciones.

Esa sensación de responsabilidad se acrecienta cuando el autor del texto lleva siglos criando malvas, porque no hay nadie que pueda ratificar que la traducción está bien hecha, y, por tanto el traductor tan sólo cuenta con su propio criterio para afrontar tan difícil tarea.

Yo apenas he empezado a traducir cositas, pero ya puedo decir, que no hay nada que me guste tanto como sumergirme en un texto antiguo y dejarme llevar en el fragor de la batalla en la lucha por conseguir una buena traducción.

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