Hoy he asistido a un curioso efecto
sociológico. Tenemos un nuevo profesor en la facultad de griego y,
da la casualidad de que es un becario jovencito (no más de treinta
años), guapo, fuerte y atractivo, muy agradable y que explica super
bien... y que además es italiano.
Los italianos vuelven locos a las
españolas, ese acento dulce y suave que tienen es música para los
oídos y si, además esa entonación procede de un “recipiente”
tan sumamente agradable a la vista, el conjunto resulta irresistible.
Pues este es el profesor que ha venido
hoy a clase. Para hacerse una idea al estado de las alumnas hay que
pensar en la famosa escena de la película Indiana Jones y la
última cruzada (la del Santo
Grial) en la que Indiana Jones da clases de arqueología en la
universidad y todas sus alumnas miran embobadas al atractivo
aventurero. Pues más o menos igual ha sido hoy mi clase.
Por
otra parte me ha sorprendido ver algo que en la película se pasa por
alto y es la reacción masculina ante el nuevo profesor. De la misma
manera que todas las chicas se han puesto en primera fila, los niños
(incluso los más empollones y que suelen estar en la primera banca)
han ocupado los asientos traseros mientras comenzaban a meterse de
todas las maneras posibles con el pobre profesor y las niñas
enamoradas de la primera fila.
“Qué
acento más extraño, vamos a llamarlo Lamborginni! ¡Si profe, tenga
un boli y mi número de móvil también!”
Yo no
podía parar de reír, por un lado, adolescentes locas por un
profesor, por el otro los machitos españoles intentando defender su
pobre y malherido orgullo como buenamente podían. Ha sido de
película y lo mejor es que acaba de empezar.
PDT:
Por cierto, yo estaba en una discreta tercera fila, una buena
posición para regalarse la vista y el oído y, al mismo tiempo, ser
testigo de los comentarios del macho español de hoy día. Un sitio
inmejorable.
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