miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sarna con gusto no pica


Este viejo refrán que me decía mi padre cuando era pequeña es una verdad como un templo. Porque, a pesar de la gran cantidad de trabajo que tengo, de las innumerables cosas que tengo que leer y redactar, del trabajo atrasado que aún tengo que poner al día. Estoy de buen humor. Porque me gusta.
Porque aunque sean cientos de páginas escritas en un tamaño de letra que rivalizan con la Biblia, hablan de tragedias, comedias, experiencias, idiomas, cuentos, relatos mitológicos.... que me apasionan.
Porque veo la gran actualidad que tienen estas obras centenarias a pesar de que la sociedad de hoy haya catalogado su estudio como “inútil”....

Quizás sea porque más de uno no quiera verse reflejado entre esas letras que le denuncian.

Una sociedad que se parece hoy día muchísimo a la actual (salvando las distancias), tan parecida que puede resultar hasta profética, puesto que, si nos parecemos tanto a los hombres y mujeres de la Roma y Grecia clásicas ¿qué nos hace mejores que ellos? ¿podríamos nosotros acabar igual? ¿Quedaría nuestra amada civilización reducida a polvo y cenizas, objeto de estudio para generaciones venideras?
Obviamente, sí.
Y no es una respuesta cómoda ni agradable, no es placentero que te recuerden tu propia mortalidad. Por eso es mejor calificar a esas obras y esos idiomas de “superfluos e inservibles en un mundo de avanzada tecnología”, cuanto menos se sepa del pasado y de los errores que cometieron, mejor.
Pues no pienso dejar que eso pase, porque a mí me gustan las letras grecolatinas, me gusta su civilización y me gusta su cultura y creo, sinceramente, que podríamos aprender muchas cosas ya olvidadas o simplemente ignoradas a lo largo de los siglos.


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