Yo me he considerado siempre una persona romántica, me gustan las
películas americanas que acaban en final feliz y las escenas en la playa
por la noche que terminan en beso…
Hay otras cosas que considero, por otra parte, muy empalagosas
y que rallan lo pegajoso: el estar siempre pegados, apodos tales como “cari” o “cielito”…
uf, necesito algo salado después de tanta azúcar.
Pero ayer comprobé algo y es que cosas que antes me parecían
empalagosas, anoche me hacían
una tremenda ilusión. Y yo misma me asusté de que tuviera tantísimas ganas ¿me
estaría volviendo yo una empalagosa?
Pero al poco comprendí el factor determinante la persona que lo hacía; porque una vez acostada en mi
cama, pensé en las cosas que yo calificaba de empalagosas: me lo seguían
pareciendo. Pero al sumarle el factor de quién lo hacía y por qué lo hacía, esa
concepción cambiaba radicalmente y, sin saber cómo, me encontraba sonriendo por
las ganas de experimentarlo.
Conclusión: Como decía mi padre, nunca digas nunca, porque hasta lo más azucarado del mundo puede
ser muy apetecible si viene en el momento y con la compañía adecuados.

No hay comentarios:
Publicar un comentario