Hoy día con todo el estrés, las tensiones cotidianas, el
trabajo, los exámenes… la gente se va a balnearios o spas para relajarse, toma
clase de yoga, taichí o hace deportes para desfogar todo esa angustia
incesante.
Pero yo he descubierto algo muchísimo mejor. Un fin de
semana de retiro, reflexionando sobre tu vida, tu historia y rezando al Señor
que te ayude a entenderlo todo y a llevar el día a día.
Porque, aunque ha sido en un fin de semana que TODO venía
mal (exámenes, asuntos familiares, trabajos que entregar…) ha sido dos días en
los que he desconectado totalmente de cualquier cosa que tuviera que hacer y me
he limitado a escuchar lo que me decían y a reflexionarlo y guardarlo en el
corazón, como la Virgen (aunque ya me gustaría a mí parecerme a ella siquiera
un poquititito).
Y, señores, funciona. He vuelto a mi casa relajada, contenta
con mi vida y mi existencia porque ahora las cosas que el jueves parecían
negros nubarrones que me impedían ser feliz, hoy no son más que humito sin poder
ni fuerza para quitarme la alegría.
Mucho mejor que cualquier balneario y encima, gratis
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