Ya se terminó el verano y, después de esta pausa tan larga,
vuelvo para ensalzar cuanto me permita mi vocabulario a la “nueva” (y lo pongo
entre comillas porque salió allá por el 2010/2011) serie que ha caído en mis
manos hace escasamente una semana y que ha descolocado mi rutina, horarios y
hasta hábitos de sueño.
Estoy hablando de la adaptación que hizo la BBC de las obras
del maestro Doyle, Sherlock, casos como El sabueso de los Baskerville o Escándalo
en Bohemia han sido reescritos de manera magistral en el siglo XXI, logrando
varias hazañas: la primera y no menos importante es humanizar al propio
Sherlock, con quien, en las novelas originales era imposible (o por lo menos para mí) empatizar o sentir algo
aparte de molestia por lo asquerosamente listo y vacilón que era. Sin embargo,
este Sherlock mantiene toda la esencia del original pero hay una mínima grieta
por la que puedes ver el niño que grita dentro y que, simplemente, no sabe
relacionarse con los demás.
Yo no conocía al actor que lo interpreta, Benedict Cumberbatch,
pero he de admitir que me gusta mucho más que Robert Downey Jr. y
su voz en inglés cada vez me gusta más, es envolvente y sugerente y cuando
empieza a deducir habla tan rápido que no hay manera de entenderle, tal y como
me imagino que haría el verdadero Sherlock.
Y en este punto es cuando entra John Watson. Yo no recuerdo
mucho de él de las novelas (hace diez años que me las leí por lo menos) pero el
Watson de las películas actuales no tiene ni punto de comparación, este rubio,
adorable, bonachón y dulce John es mucho más que la niñera de Sherlock, es su único
y mejor amigo (en palabras del propio detective) y el que, poco a poco le va
enseñando a empatizar y observar a las
personas como tales.
El actor que lo encarna, Martin Freeman lo conozco, ya que
es el que interpreta a mi querido Bilbo Bolsón y a pesar de que, como dice una
amiga mía tiene toda la cara de Hobbit,
este John tranquilo, sereno pero que se mantiene firme y valiente al lado de
Sherlock me ha robado el corazón.
Otros personajes magistralmente conseguidos son el del
hermano mayor de los Holmes: Mycroft. A diferencia del de la película, un
fiestero y un juerguista, este Mycroft se gana su apelativo de “Hombre de hielo”
miembro del gobierno británico y duro como el diamante es, sin duda, un hermano
digno a la altura de Sherlock Holmes. Y, como no, el malvado Jim Moriarty, un
genio increíblemente interpretado Andrew Scott quien consigue que, cada vez que
lo oigo se me pongan los pelos de punta.
Los casos se adaptan como un guante a las nuevas
tecnologías, aprovechando los recursos digitales para conseguir nuevos giros y
aumentar el ritmo de la narración a velocidades impensables si la hubieran
ambientado en el siglo XVIII. Desde este humilde blog, mis más sinceras
felicitaciones a los guionistas de la serie.

En definitiva, la única pega de la serie es que son solo 6
capítulos (aunque sean de hora y media cada uno) y que hasta mediados de 2013
no estrenarán la tercera temporada… Creo que me volveré loca antes ya que han
sido seis episodios de pura adrenalina porque, incluso en los más flojillos
respecto a trama siempre hay detalles, siempre hay un gesto, una mirada, una
sonrisa de alguno que me hace estremecerme y disfrutar como una niña de esta
increíble serie que tan tarde he descubierto.
Aunque no hay mal que por bien no venga, así tengo que
esperar menos que los pobres que llevan desde ENERO del año pasado a la tercera
temporada; mientras tanto solo me queda decir.
I believe in Sherlock
Holmes