Miles de culturas y relatos nos hablan de la juventud
eterna. El regalo más deseado de los dioses, tesoro de incalculable valor que
se podía conseguir bebiendo de una fuente o de un grial, deseo que podía ser
concedido por un genio o un hechicero…
Y, aunque hoy día la mitología ha sido sustituida por productos cosméticos
y operaciones de cirugía,el deseo de la juventud sigue siendo el mismo: las personas se gastan su dinero (en cantidades
ingentes, muchas veces) en lograr engañar al tiempo un poco más y aparentar
la lozanía y frescura de la adolescencia
y la juventud.
Pues yo he conseguido mantener esa juventud más tiempo
incluso del que a mí me gustaría. Siempre que voy a algún lado me suelen decir
que tengo 16 -17 años y más cuando no voy arreglada.
No es que me importe, pero conforme voy creciendo y la gente
sigue creyendo que tengo 16 es un poco molesto, y, cuando lo digo siempre
sale el típico comentario de “¡ qué suerte tienes, así cuando tengas treinta te dirán que tienes veinte!”.
Estupendo ¿y hasta entonces tengo que aparentar ser menor de
edad? ¿O soportar, como ayer cenando en un restaurante japonés, que no me
sirvieran sake porque creyeron era menor de edad?
Aunque he de reconocer que no todo es malo, mi carita
redonda y mi voz suavecita me han permitido escaquearme de ciertas situaciones
en las que paso más desapercibida por “ser más pequeña”, así que habrá que ver
al mal tiempo buena cara.
http://www.youtube.com/watch?v=pUEan3xi2G8
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