Unas nubes grisáceas ocultaron el sol de mi vista, mientras
a nuestro alrededor comenzaba a oírse un rugido espantoso y atronador. Miré a
mi hermano mayor, intentando mantener la compostura, yo ya era todo un
caballero ¡no podía permitirme tener miedo! Mi hermano sonrió dándome ánimos y,
desenvainando su espada me dijo:
-
¿Estás preparado para cruzarlo? - asentí – Pues prepárate,
tenemos poco tiempo.
Dirigí la vista al frente mientras tragaba saliva con
dificultad, frente a nosotros estaba el castillo de la reina, repleto de
riquezas y manjares suculentos nos aguardaban… al otro lado de un inmenso abismo
negro. Tan sólo podíamos llegar a nuestro destino saltando a través de unas
piedras blancas separadas entre sí (y aún así, las que estaban no ofrecían
mucha seguridad).
-
Adelante.
En el instante en el que puse un pie en la primera losa, un
bramido me hizo retroceder instintivamente ¡Por nuestra izquierda se acercaba
un enorme dragón de ojos brillantes! A su paso una columna de humo negro
atestiguaba la destrucción que sembraba por doquier.
Mi hermano, en lugar de retroceder, levantó la espada y mirándolo
a los ojos gritó:
-
¡No le tengo miedo! ¡Rápido, hermano, crucemos y
pongámonos a salvo!
Asentí y salté con decisión a la primera baldosa, un paso en
falso significaría la muerte segura, tanto a manos del horrible dragón como por
el dolor de una caída infinita…
Intenté no pensar demasiado y me concentré en el siguiente
salto, mis piernas eran cortitas y me temía que no pudiera cubrir tanta
distancia.
Pero mi hermano me agarró la mano en ese momento y me sonrió,
dándome ánimos; él estaba conmigo ¡y juntos seremos invencibles!
Saltamos a la vez el resto del puente, mientras el dragón se
acercaba cada vez más y ya su apestoso aliento a humo nos ahogaba.
En el mismo momento que llegamos al otro lado, nos llegó la
voz de la reina, que nos esperaba en la puerta:
-
¡Niños, dejad de jugar mientras cruzáis el paso
de cebra, un día os van a atropellar y cuando eso pase os machaco!
-
Madre, la vida de un caballero es muy dura y
peligrosa. Pero es la vida que hemos elegido. – dije con aire orgulloso
mientras miraba a mi hermano mayor, que sonreía contento.
Sin mirar atrás, dejamos atrás al dragón de ojos luminosos y
rastro de humo y nos adentramos en nuestro castillo, dispuestos a reponer
fuerzas para la próxima aventura que nos guardara el destino.

