miércoles, 22 de febrero de 2012

Entre el placer y la obligación



A un lado, un par de días en una casa rural con mis amigos, con el aliciente de que encima es el cumpleaños de una de ellas y lo van a celebrar allí.
Por otra parte, el deber: clases a las que no puedo faltar y un trabajo al que acudir por la tarde y que, aunque puedo cambiar (haciendo un esfuerzo) no es lo correcto ni lo adecuado.

Si hago caso a la obligación, me quedo aquí sola, con el añadido de que encima sé que todos los demás están divirtiéndose todos juntos mientras que yo continúo mi rutina. Si paso de toda responsabilidad, me salto las clases y cambio el turno de trabajo (que traería más problemas una vez que volviera) estaría esos dos días con el cargo de conciencia de que no he hecho lo correcto…

La balanza está equilibrada y yo solo puedo agachar la cabeza y esperar que el Señor me de alguna señal clara sobre lo que tengo que hacer…

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