Acaban de terminar los exámenes y, después del gran regalo
que me ha hecho Dios con mis notas, al empezar el segundo cuatrimestre me he
dado cuenta de algo muy triste.
El año pasado, en mi otra carrera, si bien es verdad que no
tenía un grupo de amigas íntimas, me llevaba muy bien con muchas compañeras y
tenía lo que se dice “un grupo”. Unidas por los exámenes y por el mismo
promedio de notas, les dejábamos la ardua tarea de destacar y ser los listos al
grupito de los “bilingües guays”, nosotras echábamos el rato.
A mí eso no me convencía y echaba mucho de menos mis textos
grecolatinos, así que decidí cambiarme este año de carrera y, efectivamente,
vuelvo a ser un poquito la “yo” de antes y tengo mis matrículas y mis
sobresalientes.
Pero con una diferencia radical:
En Bachiller tenía a dos amigas de verdad, dos pilares con
los que compartir todo y con los que todo se hacía más ligero, este año, aunque
también tengo a una compañera más o menos como yo (y gracias a Dios) siento por
primera vez la distancia entre los que sacan buenas notas y el resto.
Todos se alejan de nosotras dos, no con mal ambiente, sino,
simplemente como si no tuvieran nada que hacer con nosotros…
Me siento un poquito sola y, aunque estoy disfrutando muchísimo
de mi carrera, hay veces que desearía hacer amigas tan buenas como las que ya tengo en mi
carrera…
PD1: No sé si me he explicado bien, pero tenía ganas de
escribirlo y soltarlo.
PD2: Os echo de menos, pequeñas seales...
No hay comentarios:
Publicar un comentario