martes, 29 de mayo de 2012

Ley de proporcionalidad inversa

En mi vida siempre he tenido la misma paradoja ¿por qué cuanto menos tiempo tengo más creativa soy y más ganas tengo de hacer manualidades?
Ahora, en plena recta final de exámenes universitarios, me ha dado la fiebre del fieltro y el decoupage y tengo millones de proyectos en mente y muchísimas ganas de hacer cosas ¡Y no puedo!
Es frustrante y se me van las horas pensando en detallitos que quiero hacer, aquí van algunas ideas:

1. Convertir el hueco de mi habitación, que está desordenado y abarrotado de cosas, en un par de estantes donde colocar todas mis manualidades y regalos para los demás.
2. Hacerme una colección de broches o accesorios para el pelo de fieltro, tanto para mí como para mis hermanas pequeñas y darle una nota de originalidad y color a sus uniformes.
3. Intentar aprender a cocinar comida japonesa para poder disfrutarla este verano en la playa con mis amigas.
4. Personalizarme algunas camisetas y bolsos que tengo.
5. Pintar mi cuarto de nuevo (y si mi madre accede, pintar también las puertas de mi armario con personajes de cuentos y mangas)
6. Fabricar un móvil de cuna para mi futuro ahijado.
7. Muchos regalos de cumpleaños y onomásticas que tengo pendientes.


Y tantas y tantísimas cosas... creo que tengo demasiado poco verano, pero en fin, cada día una cosita ^__^ De momento, archivaré todos los proyectos hasta el 22 de Junio y me intentaré concentrar.

PD. ¡Ánimo a todos los que estéis estudiando!
 

lunes, 21 de mayo de 2012

Mi primera vez



Suspiro, apoyo bien los pies, manos delante, espalda recta y ojos al frente mientras intento no pensar demasiado en la infinita cantidad de cosas que podrían salir mal…

Y, justo en el mismo instante en que ese aparato endemoniado comenzó a moverse, me di cuenta de lo inmensamente frágil y pequeña que era, de que yo no llevaba el control de ese cacharro y mi mente se puso en blanco. Sin poder evitarlo, me asusté muchísimo y grité, rompiendo mi postura cuidadosamente estudiada y me hice un ovillo cerrando los ojos. Pero al mismo tiempo, mi cerebro me gritaba que no podía hacer eso porque me estrellaría contra algo… intenté parar a esa máquina, pero comenzó a dar brincos desbocado y sin control, incluso desconectado… entonces me eché a llorar sin ser capaz de pensar en otras alternativas que nos salvaran.

Mi “instructor” reaccionó rápido y dominó a la bestia en un segundo, pero, cuando ya el peligro de estrellarse hubo pasado, comenzó a reírse en toda mi cara sin parar (ni siquiera le importó que estuviera llorando), es verdad que luego me consoló y me tranquilizó, pero esa se la tengo guardada y mi venganza será dulce…

Así fue mi primera vez conduciendo un coche. Aunque al final me gustó, la verdad es que no sé cómo me las voy a apañar para estar pendiente de tantas cosas a la vez (casi me arrolla el único coche que había en una grandísima explanada semi-desierta) y no morir en el intento.

Y, desde luego, ese primer contacto de infarto, no se me olvidará en la vida. (Y me temo que a mi instructor tampoco).

jueves, 10 de mayo de 2012

Madrid


Soy una suicida y, en plena recta final me largo a Madrid el fin de semana a disfrutar de dos grandes pasiones: mis amigas y mis mangas.

Hace dos años que no voy y estoy tan emocionada que ni siquiera el día que me espera o el examen de mañana me pueden deprimir. Casi dos días haciendo el tonto, paseando por Madrid y echando fotos a todo friki que se mueva y vaya medianamente disfrazado. Ojeando stands de merchandising, comprando figuritas, posters, camisetas, llaveros y anotando mentalmente aquellas que son inalcanzables pero jurándote a ti misma que, cuando tengas trabajo y casa propia, te comprarás y enseñarás a tus hijos con orgullo.

Pedir autógrafos a algunos de tus autores favoritos y emocionarte con los cosplays o disfraces que encuentres por allí y ver a tus ídolos en carne y hueso (y creerte por un instante que son reales), escuchar todo el rato canciones de tus series favoritas y, con suerte, comer  ramen en algún puesto que haya a la entrada.

Y, cuando se cierre el horario, la fiesta no ha terminado, queda conocer un poquito de Madrid y seguir riéndonos y haciendo el tonto y grabando vídeos absurdos que recordarás toda la vida con inmenso cariño.

Por todo eso y mucho más… ¡¡Allá vamos, Madrid!! 行け 行け!! 

PD: Últimamente escucho muchas canciones para animarme mientras estudio o trabajo, así que aquí va una canción que me encanta.

martes, 8 de mayo de 2012

Verano


Ya huele a verano… quedan 30 días de clase (y dos semanas de exámenes) y el buen tiempo inunda el sur.
Qué ganas tengo de ir a la playa, tumbarme con un libro y tostarme al sol… de jugar con mis amigos, con la arena, con el agua, con la pelota…
Quiero nadar y sumergirme en el agua, sentir el frescor del mar aliviando el calor abrasador que hace en Málaga a mediodía…
Comer helados, sandías, melones y espetos de sardinas… Dar un paseo por la noche sin tener que ir cargando con veinte kilos de ropa encima…

¡Qué ganas, Dios mío!

Pero, mientras tanto, me conformaré con escuchar la canción de Phineas y Ferb sobre mi estación favorita.
Verano cada instante vale su peso en oro…

miércoles, 2 de mayo de 2012

Necesidad de poner etiquetas


 Siempre desde pequeños nos han dicho que es malo etiquetar a las personas, pero, allá donde mires, todo el mundo está etiquetado desde su nacimiento: raza, sexo, color del pelo y los ojos, vestimenta, ideología… y no solo las personas, todo el universo está catalogado exaustivamente con nombres grecolatinos científicos y eruditos.
Hay tantas etiquetas como estrellas, incluso en cosas abstractas como nuestra propia lengua. Cierto es que conocer la sintaxis y la organización de las lenguas ayuda mucho a su comprensión (especialmente en lenguas con casos como el latín, el griego o el indoeuropeo), pero de ahí a poner etiquetas a diestro y siniestro a todas y cada una de las funciones sintacticas que existen hay una gran distancia.

Personalmente, me parece absurdo que existan 14 nominaciones diferentes para el dativo (en el caso del griego) según qué función realice (por decir un caso); y aún más absurdo tener que definir cada una de ellas y recitarlas de memorieta.  Donde uno aprende, ve, comprueba y observa las funciones de las palabras en el los textos y en el contexto determinado, no en un sistema idealizado.

Y que conste en acta que me encanta la sintaxis y me gusta mucho saber analizar las frases, pero todo tiene un límite.