lunes, 21 de mayo de 2012

Mi primera vez



Suspiro, apoyo bien los pies, manos delante, espalda recta y ojos al frente mientras intento no pensar demasiado en la infinita cantidad de cosas que podrían salir mal…

Y, justo en el mismo instante en que ese aparato endemoniado comenzó a moverse, me di cuenta de lo inmensamente frágil y pequeña que era, de que yo no llevaba el control de ese cacharro y mi mente se puso en blanco. Sin poder evitarlo, me asusté muchísimo y grité, rompiendo mi postura cuidadosamente estudiada y me hice un ovillo cerrando los ojos. Pero al mismo tiempo, mi cerebro me gritaba que no podía hacer eso porque me estrellaría contra algo… intenté parar a esa máquina, pero comenzó a dar brincos desbocado y sin control, incluso desconectado… entonces me eché a llorar sin ser capaz de pensar en otras alternativas que nos salvaran.

Mi “instructor” reaccionó rápido y dominó a la bestia en un segundo, pero, cuando ya el peligro de estrellarse hubo pasado, comenzó a reírse en toda mi cara sin parar (ni siquiera le importó que estuviera llorando), es verdad que luego me consoló y me tranquilizó, pero esa se la tengo guardada y mi venganza será dulce…

Así fue mi primera vez conduciendo un coche. Aunque al final me gustó, la verdad es que no sé cómo me las voy a apañar para estar pendiente de tantas cosas a la vez (casi me arrolla el único coche que había en una grandísima explanada semi-desierta) y no morir en el intento.

Y, desde luego, ese primer contacto de infarto, no se me olvidará en la vida. (Y me temo que a mi instructor tampoco).

No hay comentarios:

Publicar un comentario