miércoles, 2 de mayo de 2012

Necesidad de poner etiquetas


 Siempre desde pequeños nos han dicho que es malo etiquetar a las personas, pero, allá donde mires, todo el mundo está etiquetado desde su nacimiento: raza, sexo, color del pelo y los ojos, vestimenta, ideología… y no solo las personas, todo el universo está catalogado exaustivamente con nombres grecolatinos científicos y eruditos.
Hay tantas etiquetas como estrellas, incluso en cosas abstractas como nuestra propia lengua. Cierto es que conocer la sintaxis y la organización de las lenguas ayuda mucho a su comprensión (especialmente en lenguas con casos como el latín, el griego o el indoeuropeo), pero de ahí a poner etiquetas a diestro y siniestro a todas y cada una de las funciones sintacticas que existen hay una gran distancia.

Personalmente, me parece absurdo que existan 14 nominaciones diferentes para el dativo (en el caso del griego) según qué función realice (por decir un caso); y aún más absurdo tener que definir cada una de ellas y recitarlas de memorieta.  Donde uno aprende, ve, comprueba y observa las funciones de las palabras en el los textos y en el contexto determinado, no en un sistema idealizado.

Y que conste en acta que me encanta la sintaxis y me gusta mucho saber analizar las frases, pero todo tiene un límite.

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