Siempre desde pequeños nos han dicho que es malo etiquetar a
las personas, pero, allá donde mires, todo el mundo está etiquetado desde su
nacimiento: raza, sexo, color del pelo y los ojos, vestimenta, ideología… y no
solo las personas, todo el universo está catalogado exaustivamente con nombres
grecolatinos científicos y eruditos.
Hay tantas etiquetas como estrellas, incluso en cosas
abstractas como nuestra propia lengua. Cierto es que conocer la sintaxis y la
organización de las lenguas ayuda mucho a su comprensión (especialmente en
lenguas con casos como el latín, el griego o el indoeuropeo), pero de ahí a
poner etiquetas a diestro y siniestro a todas y cada una de las funciones
sintacticas que existen hay una gran distancia.
Personalmente, me parece absurdo que existan 14 nominaciones
diferentes para el dativo (en el caso del griego) según qué función realice (por
decir un caso); y aún más absurdo tener que definir cada una de ellas y
recitarlas de memorieta. Donde uno
aprende, ve, comprueba y observa las funciones de las palabras en el los textos
y en el contexto determinado, no en un sistema idealizado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario