Acabo
de abrir el Baúl de los recuerdos…
Relatos
de hace casi 6 o 7 años vienen a mi encuentro, cuentos escritos con mis amigas sobre
un mundo fantástico, hecho a nuestra medida, ideal… donde todos los personajes
de nuestros libros y series estaban junto a nosotros y nuestros ídolos
masculinos caían rendidas ante nosotras.
Ahora
los leo y el estómago se me encoge y mi alma grita sin sonido ¿dónde ha ido a
parar esa niña? ¿dónde esos sueños? Siguen ahí, aún hoy sigo pensando en todos
esos personajes y, de vez en cuando les dedico un rato a imaginar de nuevo… a
subir ese ascensor hasta la tercera nube en la segunda capa de la atmósfera… a
mi parra.
Pero
lo leo y no puedo parar de llorar, aquel mundo nos mantuvo a salvo de muchas
cosas, nos enseñó otras pero, por encima de todo, nos enseñó a soñar, a
imaginar, a evadirnos cuando lo necesitabamos. Compartimos aventuras que no por
ser imaginarias eran menos reales, los sentimientos que teníamos por nuestros
personajes son tan reales como los que tengo ahora por personas de “carne y
hueso”.
Nunca
podré expresar lo agradecida que les estoy por hacerme vivir esos buenos ratos,
por encontrar amigas que compartieran esos momentos, ese mundo, por mitigar la
soledad que sentíamos cuatro adolescentes imaginativas y muy, muy especiales.
Hoy
día, ese mundo tiene telarañas en algunas zonas, han cambiado y se han renovado
otras; nuestros personajes a veces están celosos porque ya no voy a visitarlos
tanto como antes, ya no tengo tanto tiempo para soñar con ellos, ni conmigo… Mi
corazón grita de añoranza y anhela por volver a aquellos días perfectos,
aquellos días que aún hoy, después de muchos acontecimientos, brillan como el
sol.
¿Es
eso crecer? ¿Es eso avanzar y madurar? ¿Dejar atrás Nunca Jamás? Me niego a
creerlo, me niego a aceptarlo.
Soñar
y madurar no son las dos caras de una moneda, no son incompatibles y, mis
personajes, mis amigos, madurarán también conmigo y crecerán… pero no les
pienso abandonar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario